Diego Ricol: Rafael Payare, El venezolano que dirigirá 25 orquestas del mundo

Maestro en ciernes, con buenas notas. El joven anzoatiguense (Estado Anzoátegui-Venezuela- 1980) Rafael
Payare es uno de los integrantes del Sistema Nacional de Orquestas: ahora estrenó el honor de haber sido elegido
ganador en el concurso Malko de Dinamarca cuyo premio es dirigir 25
orquestas europeas. Durante dos años recorrerá los más rutilantes
escenarios llevando la batuta con sello venezolano

 Jonathan Reverón / elreveron@gmail.com / @elreveron – 

Fotografías Mauricio Villahermosa mauriciovillahermosa@gmail.com

 Cuentan que cuando los integrantes de la hoy Orquesta Sinfónica Simón Bolívar fueron orquesta 
nacional infantil, se les tildaba de indomables.

Los entonces niños prodigio sólo atendían a la atención de su joven
director titular, Gustavo Dudamel y del maestro José Antonio Abreu.

Este último, en más de una oportunidad, les hablaba a través de un
megáfono. Rafael Payare, en aquel momento cornista de la Sinfónica
Juvenil de Anzoátegui e integrante de la rutilante agrupación infantil,
recuerda cómo la visita del maestro Giuseppe Sinopoli, al vencer el
brío de los niños, le abrió el entendimiento.

“Sinopoli no hablaba nada de castellano, diciéndonos unas pocas cosas en
italiano y con el gesto de sus manos hizo que la orquesta tocara de
otra manera. En ese momento me dije: yo quiero hacer eso. Ser
director”. 


Del corno a la batuta. La
fila de cornos ya llegó al ensayo. Un trompetista aprovecha la acústica
de un solitario pasillo del Centro de Acción Social por la Música,
para afinar. De repente, la tesitura melancólica del instrumento es
interrumpida cuando Rafael Payare abre una de las puertas. Allí
recuerda su historia en el Sistema. “Yo empecé a los trece años,
quizás un poco tarde con respecto a mis demás compañeros. Mi hermano
era el primer fagot de la Sinfónica de Anzoátegui y siempre escuchaba
música académica en su cuarto. Un día, pasando delante de él, escuché
algo que me llamó la atención. Le pregunté, `qué es eso’, y él me
contestó, `¿Por qué? Si te gusta, mañana te cuento’. Al día siguiente
me llevó para la orquesta. Por cierto, tiempo después supe que lo que
escuché aquella vez fue el solo de corno de la 1812 de Tchaikosvky”.
Tras su visita, el director de la orquesta de Anzoátegui le entregó al
adolescente un corno. “Soplé y sonó. Normalmente eso no pasa en el
primer momento, porque en el corno debes hacer una vibración
especial. Dos semanas después de eso fue mi audición para entrar a la
orquesta”.

El salto a la dirección vendría después. Payare, ahora con 32 años, lo
recuerda con precisión. “Un día fui a la oficina del maestro Abreu,
inquieto por mi futuro en la orquesta. Quería pedirle consejo para
iniciar una carrera como solista, y antes de cualquier otra palabra de
mi parte, el maestro me dijo `Hay directores de oficio, que con
muchísimo trabajo y dedicación se hacen buenos directores’…”. Payare
no comprendía el sentido de esas palabras. “Él me seguía diciendo:
`Hay directores que tienen mucho talento pero no tienen dedicación y
se mantienen en el promedio. Hay directores que tienen talento y
dedicación pero carecen de liderazgo’…”. Payare seguía callado
esperando que hablara de sus posibilidades como solista. “Hasta que me
dijo: `Hay otra clase, que es el que nace. Te estoy diciendo esto
porque creo que naciste para ser director”.

Así comenzó un proceso de clases magistrales, asistencias de dirección, sin abandonar el corno.

“Lo tenía en el subconsciente. Me decía, primero voy a aprender a
tocar bien mi instrumento y cuando esté bien adulto, bien viejito, me
dedico a la dirección”. La vida probó que no tenía que esperar
tanto.

Premio en Dinamarca. 


Los
eventos que terminan de embarcarte en lo soñado, ocurren como el vaso
de agua que se llena lentamente: nunca se sabe cuando caerá la gota del
derrame. Payare aplicó a principios de este año para un concurso de
dirección en Dinamarca, el Malko. Las palabras del Maestro Abreu
fueron de aliento y sosiego: “Los concursos son experiencias muy
complejas. Un concurso no es como una carrera, dentro de la música es
una cosa muy subjetiva. Es un logro el simple hecho de que te hayan
escogido”, repite Payare, como otro discípulo del fundador de El
Sistema.

El 12 de mayo en Dinamarca, y después de seis días de eliminatorias,
por decisión de un jurado presidido por el maestro Lorin Maazel, el
anzoatiguense se convirtió en el nuevo músico en recibir la
oportunidad de subir al podio de distintos escenarios frente a 25
orquestas europeas de renombre internacional. “La experiencia fue
increíble porque había que trabajar bajo la presión no sólo de los
concursantes sino también del jurado. Muchas cosas pasaron antes del
concurso que podrían servir para desanimarse un poco, pero gracias a
Dios que me dio la fuerza para no   fallar.

Ahora le esperan 25 presentaciones con igual número
orquestas distintas, desarrollando variados programas a lo largo de
dos años. “Tocar con la Bolívar, haciendo tantos repertorios, y
siendo dirigidos por tantos maestros, te crea una memoria
privilegiada. Este ritmo nunca ha sido tedioso para mi. Yo siempre
trato de buscar un por qué, un color y hacer la música como nos
acostumbraron aquí, interpretando cada concierto como si fuese el
último”. Sobre su podio, la seguridad que dan sus credenciales, el
premio Malko y formar parte de la inagotable cantera musical
venezolana.

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